En cuanto a educación, nos encontramos en El Salvador un dato preocupante: de cada 100 niños que comienzan el primer ciclo, sólo 18 completa los estudios escolares, y tan sólo 4 de los 100 que empezaron terminan estudios universitarios. El 65% de los estudiantes son atendidos en escuelas públicas. Éstas presentan enormes déficits, como aulas con un promedio de 40-50 alumnos y profesores que no son capaces de atender a aquellos alumnos con más dificultad de aprendizaje.
Por otra parte, la inversión pública en educación es insuficiente, y no alcanza más que para cubrir el salario de los profesores. Esta baja inversión hace que los servicios de educación preescolar no lleguen a una gran parte de la población. Este hecho deja a un elevadísimo número de niños sin escolarizar hasta los 7 años, muchos de los cuales pasan el día con sus madres en puestos del mercado, expuestos a graves situaciones de riesgo.
Otro aspecto que caracteriza el contexto salvadoreño es el enorme flujo de emigrantes que salen del país con destino a EEUU, y que están manteniendo la economía a través del dinero que mandan a sus familias. Las remesas que el salvador recibe de sus emigrantes suponen un 18% del PIB. Si se interrumpieran estos envíos, unas 360.000 familias quedarían en una situación de extrema pobreza.
Un fenómeno que está afectando a El Salvador, y en particular a los barrios en donde se implementan los proyectos, es la problemática de las pandillas juveniles o “maras”, que han sembrado el terror y la desconfianza entre la población. Hablamos de adolescentes sin perspectivas de futuro, sin referentes marcados, que viven en situación de pobreza, con hogares desestructurados y violencia intrafamiliar, sin estudios ni trabajo y excluidos de la sociedad. Los integrantes de las “maras” inician su proceso hacia los 12 años, una edad de plena búsqueda de la identidad personal.
Todas las carencias de servicios básicos de salud, alimentación y educación afectan directamente a la niñez y la juventud salvadoreña y favorecen la existencia y agudización de fenómenos tales como la niñez en la calle, maltratos físicos contra niños y jóvenes, altas tasas de mortalidad, desnutrición, explotación laboral, analfabetismo, deserción escolar y delincuencia juvenil.

